ÍNDICE

- Primeros Asentamientos

- Los Fenicios

- Los Celtas

- Los Griegos

- Los Iberos

- Las Guerras Púnicas

- Aníbal

- Ruta arqueológica por Benavente y los Valles

Los Primeros Asentamientos Humanos

Pintura supestre (Altamira)Del 25.000 al 10.000 A.C.: Es el último de los períodos en que se divide el Paleolítico superior, caracterizado por los instrumentos de hueso, sobre todo los arpones. Las pinturas rupestres de Pinal, Peña de Cándamo, El Pendal, Pasiega, Ribadesella y Altamira expresan la existencia de un gran cultura en el periodo Magdaleniense.

 

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LOS FENICIOS.

El pueblo fenicio desempeña un papel fundamental como intermediario entre las culturas de Oriente y la Península. Su papel en el desarrollo del comercio y las relaciones entre pueblos fue decisivo, dejando en ciertas partes de España, como la Baja Andalucía o Ibiza, una impronta decisiva y duradera. Desde los valles y terrazas del Líbano, los fenicios se vieron desde antiguo abocados naturalmente a las relaciones comerciales: su posición intermedia entre poderosos pueblos mediterráneos, la precariedad de su agricultura, sus bosques de cedros, su habilidad marinera y su temprana vocación mercantil llevaron a estos pueblos a la navegación por el Mediterráneo. En sus periplos en busca de mercados pronto exploran hasta los confines del mundo conocido: recorren la costa norteafricana hasta el Atlántico, acaso arribando a las Canarias, mientras que por el norte llegan a las Islas Británicas. Hábiles negociantes, comienzan una serie de contactos con los distintos pueblos costeros a fin de obtener metales y otras materias primas que intercambian por bellos objetos manufacturados: espejos y navajas de bronce finamente ornamentados, joyas, objetos de tocador, marfiles, telas, pequeños objetos de barro vidriado y delicadas piezas de orfebrería. Al comienzo, tenían un curioso sistema de transacción que consistía en depositar en un punto neutral, como un islote, una determinada cantidad de objetos elaborados, a continuación de lo cual regresaban a su barco y esperaban a que los indígenas pusieran enfrente una cantidad determinada de metales. Cuando éstos se retiraban, los fenicios descendían de nuevo y retiraban parte de su propia mercancía si consideraban que el metal ofrecido no era suficiente; a continuación, los indígenas retiraban parte de sus propios lingotes, y la operación se repetía una y otra vez hasta que una de las dos partes tomaba el lote de la contraria, momento en que la otra hacía lo propio y el trato se consideraba cerrado.

Los escasos restos arquitectónicos del sistema colonial fenicio consisten en los deteriorados hipogeos gaditanos de Punta de Vaca y Punta de Tierra, estructuras adinteladas de carácter funerario, y las estructuras dedicadas al almacenamiento de Toscanos. Las necrópolis son mejor conocidas que los espacios de habitación, al hallarse mejor conservadas: son notables las gaditanas, conocidas desde antiguo y en las que se hallaron magníficos ejemplares de sepulcros antropomorfos con cubierta tallada en bajorrelieve, en los cuales representaban la cabeza y los brazos del difunto. Otras necrópolis importantes en las que se han realizado excavaciones en los últimos años son las de Almuñécar, del Morro de la Mezquitilla, Villaricos y especialmente las de Ibiza. Otra de las manifestaciones características de la plástica fenicia son las estatuillas de terracota ebusitanas, de unos 30-40 cms, con una decoración de filigrana finamente modelada en arcilla. Otra de las artes más sobresaliente del genio fenicio es la orfebrería, que, destinada a satisfacer las exigencias de sociedad muy refinada, inspira sus temas ornamentales en Egipto y Caldea, y desarrolla la filigrana, el calado y el repujado de oro con una extraordinaria perfección técnica.

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LOS CELTAS

En España, las primeras inmigraciones de pueblos celtas penetraron durante el siglo IX a.C. por el Pirineo oriental y se establecieron en Cataluña y norte de Castellón. Dieron lugar a la cultura llamada de los "campos de urnas". Otros grupos llegaron a Navarra (poblado de Cortes de Navarra) a través de los Pirineos occidentales, estableciéndose en las llanuras que se extienden al valle del Segre. Utilizaban el bronce y el hierro (cultura del Hallastat), practicaban la agricultura cerealista y conocían el uso del arado.

Expresión artística desarrollada por los celtas cuyas construcciones más características son losToros de Guisando castros, poblados con recintos amurallados levantados en las cimas de los montes, que se localizan en las áreas ocupadas por los celtas en el valle del Duero o en Galicia: Las Cogotas (Avila) y Castro de Santa Tecla (Pontevedra), respectivamente. Algo más tardías y en relación con la cultura ibérica, son las ciudades de los arévacos, algunas de ellas con gran desarrollo urbanístico como en Numancia, y otras más primitivas, excavadas las casas y calles sobre la roca como en Termancia. La escultura está representada fundamentalmente por los verracos, figuras de animales que se asemejan a toros, protectores de la ganadería. Son característicos de esta escultura animalista los Toros de Guisando (Ávila).

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LOS GRIEGOS

La expansión griega por las riberas del norte del Mediterráneo llega a la Península ibérica en varias fases. El primer contacto, según Herodoto, se produjo hacia el año 700 a.C., cuando arribó forzosamente a la ciudad de Tartessos un griego focense llamado Koleos, procedente de la isla de Samos y que se dirigía a Egipto.

Ruinas de AmpuriasEn una etapa posterior se funda la primera colonia griega en el sur. Fue la de Maineke, a mediados del siglo VII a.C. Se cree que estaba situada en un peñón a la izquierda de la desembocadura del río Vélez, en Torre del Mar (Málaga). Poco después de haber fundado Maineke, los griegos fundaron a orillas del río Guadalete, a 15 kilómetros de su desembocadura, la colonia de Puerto Menesteo (Puerto de Santa María). También a mediados del siglo VII a.C. se produce la fundación de la tercera colonia griega en la península: Hemeroskepeion, cerca de la ciudad ibérica de Deniu o Denia.

A mediados del siglo VI a.C. se funda la colonia de Emporion (Ampurias) y se repuebla la de Rhode (Rosas) por griegos procedentes de Massalia (Marsella). Otras fundaciones fueron Hyops y Lebedontia, cerca de la desembocadura del Ebro; Kypsela y Pyrina en el cabo de Creus y, por último, Kallipolis en Tarragona.

La decadencia griega en el Mediterráneo se produce debido a las luchas hegemónicas desencadenadas entre romanos y griegos, frente a púnicos (cartagineses) y etruscos, teniendo como consecuencia la pérdida del poder naval griego.

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LOS IBEROS

La composición étnica de la Península a mediados del primer milenio antes de Cristo reunía una serie de pueblos llegados en distintos momentos, más o menos unificados por las culturas de la Edad del Hierro. Los grupos de cultura celta la conservaron esencialmente en el noroeste, donde mantuvieron unos rasgos muy parecidos a los de los grupos centroeuropeos, con unos poblados fortificados característicos, conocidos como citanias o castros, núcleos originarios de gran número de poblaciones durante el medievo. Las citanias portuguesas y gallegas son importantes centros de población pastoril, con cierta monumentalidad en sus obras de fortificación, calles pavimentadas con grandes losas y grupos de casas circulares, con otras dependencias también circulares dedicadas a establos y graneros. Las formas de estas casas circulares recuerdan las cabañas y chozas contemporáneas, como las pallozas de la sierra de Cebreros. Estas viviendas elementales contaban con un hogar y se cubrían con una techumbre sostenida por un poste central, rematado con ramaje cubierto con paja, como tantas casas lugareñas de Castilla durante el período medieval. A la entrada de las viviendas a menudo se disponían piedras esculpidas con entrelazos y motivos geométricos ornamentales.

En una gran extensión interior de la Península -desde el Tajo hasta las montañas del Norte, desde las sierras de Guadarrama hasta Tras-os-Montes- se extiende otra cultura de tipo céltico, o fuertemente impregnada de celtismo. Sus habitantes pertenecieron probablemente a un grupo étnico diferente de los pobladores del noroeste, o acaso su cultura se definió de una forma diferente al situarse en unas circunstancias climáticas y medioambientales diferentes que darían lugar a una economía distinta y a sistemas sociales diferentes. El yacimiento más caracterizado de esta cultura de la Edad del Hierro es el de Las Cogotas, en la provincia de Ávila; como otros poblados de la época, se trata de un recinto fortificado, con cierta complejidad defensiva, cuyos habitantes usaron cerámica adornada con incisiones y ricas armas de hierro, esculpieron toscas esculturas de toros o de verracos, a las que se ha atribuido una finalidad funeraria o conmemorativa, y se enterraron en grandes necrópolis en las que practicaban la incineración.

Sus principales actividades parecen haber sido la agricultura y la ganadería, con la caza como ocupación complementaria. Algunos de estos poblados parecen tener una cierta especialización en las actividades guerreras, controlando los caminos y pasos ganaderos. Las circunstancias geográficas e históricas hicieron que en el litoral levantino y en el sur de la Península el modo de vida fuera sensiblemente diferente al de los pueblos de la Meseta. En las comarcas levantinas y meridionales tenían todavía un enorme peso los descendientes de los mineros y agricultores que construyeron los monumentos megalíticos en la Edad del Bronce. La feracidad de la agricultura y el potencial de las explotaciones mineras seguían suscitando las apetencias de pueblos del Oriente y atrayendo hacia sus costas a gentes de culturas refinadas. La vida ciudadana se desarrolla preferentemente en estas zonas, tras el decisivo influjo comercial, político y religioso ejercido por las colonias púnicas: en Andalucía existieron ciudades de gran porte, equiparables a las existentes en el oriente del Mediterráneo. Mientras en las zonas del interior existía una mayor independencia política por parte de las distintas ciudades, en las zonas dominadas por el influjo tartésico había una mayor vertebración política y un arte más desarrollado.

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LAS GUERRAS PÚNICAS

Enfrentamientos bélicos desarrollados entre los cartagineses y los romanos, durante el siglo III a.C., por la hegemonía en el Mediterráneo. Los antecedentes del conflicto se originan al ser expulsado Pirro de la isla de Sicilia: los cartagineses atacan Mesina, donde se habían instalado unos mercenarios procedentes de Campania (los mamertinos o hijos de Marte). Éstos pidieron auxilio a Roma, que de éste modo encuentra un pretexto para intervenir en Sicilia y disputar a los cartagineses el dominio del Mediterráneo central.

El senado cartaginés, con el fin de compensar las pérdidas, ordena la conquista y explotación de las tierras levantinas, mandando a Amílcar Barca, que desembarca en Gadir en el año 238 a.C. para restaurar el imperio cartaginés y la hegemonía militar en la zona sur y levantina de la península. Un guerrillero oretano, llamado Orisón, ocasionó en el año 228 a.C. una noche de terror en el campamento cartaginés situado en Helice (Albacete), al introducir toros embolados con fuego que facilitaron el ataque de los iberos. En ese ataque murió Amílcar Barca. A éste le sucedió su yerno Asdrúbal que, en contraste con el anterior, ejerció una política pacificadora en los territorios conquistados mediante técnicas de acercamiento y comprensión con los iberos. Uno de los acontecimientos más destacados de la dominación cartaginesa del sureste peninsular fue la fundación de Cartago Nova sobre la antigua ciudad ibérica de Mastia, en el año 226 a.C., denominada Quart-Hachaschat y luego llamada por los romanos Cartago Nova (actual Cartagena), y que tomaron como capital de sus posesiones.

Asdrúbal firmó con unos embajadores romanos el Tratado del Ebro, año 226 a.C., por el cual se tomó al río Ebro como la frontera que limitaría el avance de los cartagineses. A cambio, los romanos reconocieron la soberanía cartaginesa al sur de este río.

El senado cartaginés manda a la península, en el año 220 a.C., a Aníbal Barca, joven hijo de Amílcar. A los 25 años asumió el mando de los ejércitos cartagineses e inició una política militarista y belicosa idéntica a la de su padre. Aníbal, durante el primer año de sus estancia en laRuinas de Cartago (Tunez) península, lanzó desde Cartago Nova sus primeras campañas contra las tribus de la Meseta situadas en el alto Guadiana y al este de la Mancha, apoderándose de Altaia, capital de los olcades. En la primavera del año siguiente, Aníbal reanudó el avance por la meseta septentrional, llegando a conquistar la ciudad vaccea de Salmantica (Salamanca). Siguiendo más adelante por las tierras de los vacceos, se apoderó, tras un duro asedio, de la capital Urbocola (Zamora). Cuando al final de la primavera de ese mismo año regresó Aníbal de las tierras de la meseta septentrional, derrotó a los carpetanos en Titulcia, al este de Toledo, asegurándose con esta victoria el dominio sobre buena parte de la cuenca del Tajo. A finales del año 220 a.C. el dominio cartaginés en la península adquirió su máxima extensión, comprendiendo todas las tierras de la Meseta situadas entre la desembocadura del Tajo por el oeste y la del Ebro por el levante.

En la primavera del año 219 a.C., Aníbal Barca emprende campañas para asegurarse el dominio de las tribus ibéricas situadas en la parte norte de las costas levantinas. Su primer objetivo era Sagunto, acrópolis de los edetanos o artesanos, aliados de Roma y por entonces enfrentados a los turboletas, protegidos de los cartagineses. Aníbal ataca Sagunto con el pretexto de defender a éstos. Sagunto, esperando la ayuda pedida a Roma, resiste al poderoso ejército cartaginés. Tras ocho meses de asedio, en el otoño del año 219 a.C., Aníbal ordena el definitivo asalto a la acrópolis de Sagunto. Sus habitantes, abandonados a sus propias fuerzas, antes que rendirse prefirieron el suicidio colectivo en la hoguera. Este conflicto origina la Segunda Guerra Púnica.

que habría de prolongarse hasta el año 202 a.C. y da ocasión a Roma de intervenir en la Península Ibérica e iniciar su expansión por Occidente. Aníbal decide trasladar la guerra a Italia, en tanto que los asuntos ibéricos quedan en manos de su hermano Asdrúbal Barca.

Las exacciones y levas de tropas que el ejército cartaginés se había visto forzado a hacer en Hispania habían provocado el descontento de gran parte de los iberos, descontento que supo aprovechar hábilmente Escipión. Asdrúbal Barca reunió en la Bética el ejército con el que auxiliar a Aníbal en Italia, éste fue atacado por Escipión, quien dio la batalla en las estribaciones de Sierra Morena, donde su padre había caído derrotado. Escipión venció al ejército cartaginés aunque sin lograr destruirlo; los cartagineses emprendieron una rápida huida hacia la Meseta y desde allí marcharon a los Pirineos, cruzándolos por su lado occidental. Entretanto, una serie de campañas afortunadas fueron dando la primacía en el Sur a los romanos, que ya empezaban a familiarizarse con las tierras y pueblos de Hispania, comenzando a conocer la tenaz resistencia de que eran capaces sus hombres.

En los años siguientes, el mundo asistió a la definitiva derrota de Cartago: Asdrúbal fue derrotado y muerto en la batalla de Metauro en el 207, mientras que Aníbal cayó en la batalla de Zama, en África. Las victorias sobre Cartago no habían sido el final sino el principio de un panorama de conquistas que, a continuación, los romanos iban a emprender por toda la Península, dando lugar a los más radicales cambios por los que habrían de atravesar estas tierras a lo largo de su historia y convirtiéndolas en una parte vital de su imperio.

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RUTA ARQUEOLÓGICA POR BENAVENTE Y LOS VALLES

En el corto recorrido por los Valles del Órbigo, Eria y Vídriales, entorno a la sierra de Carpurias, se sitúa uno de los conjuntos arqueológicos más variados y destacables de la provincia de Zamora, una rica concentración de yacimientos que permiten recorrer cronológicamente la historia desde el Neolítico y la I Edad de Hierro, pasando por la época prerromana de los astures, un poco visto sobre el terreno lo que la historia nos ha contado.

MANGANESES DE LA POLVOROSA. La excavación del yacimiento de la Corona-El Pesadero, hoy cubierto por el paso de la autovía Benavente-Vigo (A-52) ya que fue esta la encargada de descubrirlos. Al realizar la explanación de la autovía, surgieron restos que comenzaron a ser analizados por los arqueólogos, se trataba de asentamientos que van desde los Astures hasta la época Romana. Se creo en dicha localidad un aula arqueológica que realiza un recorrido temático por los nueve siglos de existencia de dicho emplazamiento. También se recrean diversos espacios, como una de las viviendas y una parte del complejo alfarero romano, se trata del taller de Valerio Tauro, hallado en las excavaciones.

MORALES DEL REY. En esta localidad muy próxima se encuentra el dolmen de El Tesoro, un sepulcro megalítico que corresponde al período conocido como Neolítico, hace seis mil años. junto a él se ha recreado un modelo del dolmen que permite comparar su aspecto actual con su estado original. En Morales, también podemos visitar el aula arqueológica sobre el Neolítico, donde descubriremos la vida cotidiana en esta época y adentrarnos en las costumbres funerarias de estas épocas, rituales, ajuares... etc.

 

ARRABALDE. Esta localidad es esencial en nuestra ruta, dispone de varios puntos de visita al cual más interesante. En primer lugar podremos visitar el dolmen conocido como El Casetón de los Moros, es del Neolítico al igual que el de Morales del Rey. En Segundo lugar y situado aproximadamente a 1 km del pueblo, situado en lo alto de la sierra de Carpurias, se encuentra el Castro de Las Labradas, un gran poblado fortificado de la época Artur, que corresponde con la edad del Hierro (siglo 1 a.C.) cuando estos pueblos se defendían de la conquista Romana. Cuenta por ello con una fuerte muralla. Tendremos que recorrer con todo detenimiento la zona para poder apreciar su grandeza, observaremos algunas estructuras de viviendas, estanques y almacenamientos de agua, ya que por estar situado en lo alto del monte era imprescindible, observaremos tramos de la fortificada muralla y por último podremos apreciar restos de una ermita del siglo XVII. En último lugar, volveremos a la localidad para visitar el aula arqueológica, que reproduce diversos aspectos de este gran yacimiento y proporciona información sobre los hallazgos más importantes encontrados en este lugar, entre los que destaca el famoso Tesoro de Arrabalde, que podremos apreciar en la capital Zamorana.

 

GRANUCILLO DE VÍDRIALES. Esta localidad cuenta con dos interesantísimos restos del Neolítico. Se trata de dos sepulcros megalíticos de tipología diferente, cuya antigüedad nos retrotrae en cuatro o cinco mil años a.C. Se tratan de los dólmenes de Peñazuelas y el de San Adrián. Ya aprovechando, podremos visitar los restos del castillo de los Condes de Benavente, del que aun se conservan en buen estado el recinto almenado.

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